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Cómo escribir la despedida de alguien

Qué poner cuando hay que resumir una vida en unas líneas, y por qué lo pequeño funciona mejor que lo solemne.

Casi nadie ha escrito una despedida antes. Se sienta uno delante de una hoja el peor día de su vida y se le pide resumir cincuenta o noventa años en un párrafo. Es normal quedarse en blanco.

Lo primero que ayuda saber: no tiene que ser un discurso. Nadie está evaluando la redacción. Lo que la gente va a recordar de ese texto es si reconoció a la persona en él.

Empiece por lo pequeño, no por lo importante

La tentación es escribir lo grande: los títulos, los años de trabajo, los cargos. Pero eso es lo que ya sale en un currículum, y no es lo que la gente extraña.

Lo que reconoce a alguien es lo concreto: que no dejaba salir a nadie de casa sin comer algo, que se sabía el nombre de todos los perros del barrio, que llegaba media hora antes a todas partes. Una sola de esas frases hace más que tres párrafos de elogios.

Una forma práctica de encontrarlas: piense en qué contaría de esa persona si alguien la conociera por primera vez en una comida. Eso es lo que va.

Escriba como habla

Las despedidas se tuercen cuando uno intenta sonar solemne. Aparecen palabras que nadie usa —«acaeció», «sus restos mortales»— y el texto deja de parecerse a la familia que lo escribió.

Si al releerlo en voz alta suena a otra persona, quítele las palabras difíciles. Un texto sencillo se lee mejor y envejece mejor.

No hace falta explicar la muerte

Muchas familias sienten que deben dar detalles de cómo murió, o justificar algo. No hace falta. La despedida es sobre la vida.

Y si hubo una enfermedad larga, tampoco tiene que ser el centro. Alguien fue muchas cosas antes de estar enfermo.

Una línea basta

Si no le sale un texto largo, no lo fuerce. Una sola frase bien elegida —«Cuarenta años afinando pianos ajenos»— dice más que una página de generalidades.

Y se puede editar después. Nadie escribe bien el primer día; en Latido Eterno el texto se cambia cuando quiera, sin costo y sin pedir permiso.

Cuando llegue el momento de reunir todo en un solo lugar.