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Cómo elegir las fotografías de un memorial

Cuántas poner, cuáles funcionan mejor y qué hacer con las fotos borrosas que igual quiere conservar.

Elegir fotografías es de las pocas tareas del duelo que se disfruta un poco. También es donde más fácil se pierde uno: hay quinientas y ninguna parece la correcta.

Menos, y variadas

Veinte fotografías bien elegidas se miran enteras. Doscientas no las mira nadie, ni siquiera la familia.

Lo que hace buena a una selección no es la calidad de cada foto, sino que cubra épocas distintas: de joven, trabajando, con la familia, en los últimos años. Quien conoció a la persona en una sola de esas etapas descubre las demás.

Las que funcionan

Las que la muestran haciendo algo —cocinando, en el taller, con un nieto en brazos— dicen más que un retrato de estudio.

Las que tienen a otras personas dentro también sirven: los memoriales que más se comparten son los que la gente reconoce porque sale en ellos.

Y las imperfectas. Una foto movida en la que sale riéndose vale más que una perfecta en la que está seria.

Qué hacer con las viejas de papel

No hace falta un escáner. Una fotografía de papel puesta sobre una mesa junto a una ventana, sin flash y con el teléfono paralelo, sale bien.

Evite el flash directo: rebota en el papel brillante y borra media cara. Y si la foto está detrás de un cristal, sáquela del marco.

No hay prisa

Se pueden añadir después. Muchas familias publican el memorial con cinco fotografías y van sumando cuando aparece una caja en casa de alguien.

Cuando llegue el momento de reunir todo en un solo lugar.