“Cuarenta años afinando pianos ajenos, nunca el suyo.”
Don Ernesto fue afinador de pianos en Guadalajara durante cuatro décadas. Sus manos conocían cada teatro y cada iglesia de la ciudad antes que sus ojos, que perdió parcialmente en 1998 sin dejar nunca el oficio.
Formó a media docena de aprendices que hoy siguen su mismo camino.
Al cumplirse el primer mes. La congregación se reúne a dar gracias por su vida y a acompañar a la familia.
Al año del fallecimiento, la iglesia vuelve a reunirse con la familia para recordarle.
El día en que se le recuerda cada año, a partir del segundo.
La familia suele reunirse igual: se celebra la vida que hubo, no la ausencia.
En un cementerio casi nunca hay señal. Guarde esta página antes de ir y podrá abrirla allá igual.
Guardada en este teléfono. Se abrirá aunque no haya señal.
Descargue el memorial completo en un solo archivo: lo escrito, las fotografías y la página tal como se ve. Se abre sin internet y no necesita de nosotros para existir.
La licencia de Ernesto la paga alguien de su familia. Si quiere ayudar a que siga en línea, puede regalarle unos meses: se suman a los que ya tiene, sin importar cuándo lo haga.